Conectar con nuestro público no es una cuestión de palabras, sino de cómo usamos nuestro cuerpo y nuestra voz. Un discurso claro puede perder toda su efectividad si lo comunicamos sin utilizar el lenguaje no verbal.

En este vídeo repasamos los 3 movimientos básicos que siempre debes hacer con tus manos para comunicar con eficacia y emocionar a tu audiencia.

Servimos platos, compartimos ideas
El primer movimiento consiste en expresar ideas mientras hacemos el gesto de servir platos o tirar cartas con nuestras manos. ¿Sencillo, no? La audiencia entenderá este simple juego de muñeca como una invitación a compartir con ellos nuestras ideas. Repartimos cartas, abrimos las manos, avanzamos en nuestro discurso.

Seamos contundentes, pero no agresivos
Muchas veces, cuando estamos hablando con un interlocutor en una reunión o una presentación y queremos persuadirlo o recalcar algún punto de nuestro discurso, acabamos subiendo el volumen de nuestra voz para parecer más contundentes y que así nos den la razón.

Error: esto únicamente aumentará la tensión del momento.

Una manera muy fácil de gestionar las tensiones en conversas o presentaciones delicadas es a través de nuestro movimiento corporal y, en este caso, de nuestras manos. El segundo movimiento que proponemos es el de hacer afirmaciones acompañadas de un movimiento vertical de nuestros brazos. Lo podéis ver en el vídeo, se trata de mover los brazos de arriba a bajo mientras expresamos aquello que queremos recalcar. (De esta forma podemos persuadir desde la tranquilidad más absoluta.)

Un consejo más: para reforzar la sensación de contundencia, podemos introducir una pausa antes y después de hacer este movimiento de manos.

Coloquemos las ideas en el espacio
Cuando hablamos en público debemos utilizar a nuestro favor todos los elementos de los cuales disponemos. El espacio es uno de los más importantes y es por eso que el tercer movimiento consiste en ubicar con nuestras manos las principales ideas que componen nuestro discurso: a la derecha, a la izquierda, delante nuestro, detrás.

Este juego con el espacio en el que estamos hablando tiene un doble objetivo:

El primero es hacer que nuestra audiencia entienda y recuerde más fácilmente aquello que les estamos explicando. ¿Cómo lo conseguimos? Bien, seguramente sepas que nuestro cerebro se divide en dos hemisferios. Mientras el izquierdo se ocupa de la parte racional, de datos, hechos incuestionables, pruebas o evidencias, el hemisferio derecho es el que se encarga de gestionar nuestras emociones, la creatividad o una parte más visual.

Cuando ubicamos espacialmente las ideas con nuestras, combinamos el trabajo racional del lenguaje hablado con el trabajo visual de nuestros gestos corporales. En resumen, estamos estimulando los dos hemisferios a la vez y esto es bueno, ya que nos ayuda a comprender mejor lo que nos están explicando.

El segundo objetivo es estimular nuestro cuerpo más rápidamente para ser más expresivos des del principio de nuestro discurso. Colocar nuestras principales ideas en el espacio nos obliga a movernos, a gesticular más.

Puede que cuando empezamos a hablar en público estemos fríos y no nos soltamos hasta pasado unos minutos, cuando ya nos sentimos más cómodos. Sin embargo, las primeras impresiones suelen ser cruciales y es por eso que debemos ser expresivos des del primer momento.

Estos movimientos nos ayudarán a comunicar con más eficacia y a iniciar una dinámica más positiva, para conectar con nuestra audiencia. Es sencillo, recuerda: comparte ideas, sé contundente sin ser agresivo, juega con el espacio.