¿Qué es lo peor que te puede pasar delante de un público? 

¿Caerte del escenario? ¿Quedarte en blanco? ¿Ponerte rojo como una granada?

No. 

¡Lo peor que te puede pasar es generar indiferencia en tu público! 

Hoy te dejo dos errores imperdonables y que mucha gente hace a la hora de empezar una presentación. Son dos fallos que provocarán el aburrimiento de tu público. Dos hábitos equivocados y extensamente utilizados que únicamente sirven para dejar indiferente a la gente que te está escuchando. 

La (auto)trampa del elefante rosa 

¿Quién no ha oído hablar del mítico elefante rosa? Ya sabéis eso de: “Por favor, no os imaginéis un elefante rosa”. Y… ¡Pum! Ya sabes lo que ocurre, lo siguiente en lo que piensas es en el maldito elefante rosa. Este fenómeno, que en psicología recibe el nombre de ‘Teoría de los procesos irónicos’ (Wegner, 1994), también es algo que ocurre en la oratoria. 

Básicamente, la persona que debe dar el discurso intenta calmar sus nervios (ya sea consciente o inconscientemente) sincerándose, y no se da cuenta que se está zancadilleando a si mismo, crucificándose desde el principio. Y lo hace de dos formas: 

De manera directa, diciendo cosas como: “No domino el tema”, “No estoy acostumbrado a hablar en público”, “Estoy nervioso”, etc. 

O de manera indirecta, asegurando cosas como: “No es un tema fácil”, “Intentaré ser breve a pesar de que es mucha información”, o “Vamos a intentar decirlo todo en una hora”, etc. 

Tanto si lo haces de forma directa o indirecta el resultado es el mismo. Estás sentenciado. ¡Elefante rosa! 

Desde el instante que empieces a usar estos pobres recursos, la gente va a pensar que la presentación va a ser un auténtico aburrimiento. Y vas a perder su atención. 

¿Por qué? Es sencillo. Has empezado tu discurso poniendo el foco en un lugar que juega a tu contra. Has proyectado que estás nervioso, que no lo harás bien, que la charla te viene grande, que te supera y que, en definitiva, la presentación será inaguantable. 

El resultado es que estas ideas han quedado grabadas en el cabeza de tu público y te resultará difícil (o imposible) que se las puedes sacar durante tu presentación. Buena suerte…

Ser re-agradecido

Seguro que lo has escuchado en una presentación… ¡Peor todavía! Seguro que tú también lo has hecho alguna vez. 

“Gracias a todos por venir. Es un placer estar aquí. Sé que tienen mucho trabajo y llevan horas de conferencias así que se lo agradezco muy sinceramente. Antes de nada me gustaría agradecer a Leopoldo Clarín la oportunidad de hablar antes este magnífico grupo de personas en este magnífico auditorio. Gracias Leopoldo. De verdad. Te estoy muy agradecido. Tampoco me quiero olvidar de…”. 

Empezar tu presentación agradeciendo la oportunidad, el apoyo o la asistencia a todo el mundo es el segundo gran error, y quizá el más común (y por ello el peor). ¿Qué logras haciéndolo? Nada bueno. De hecho, estás lanzando el mensaje que esta presentación es más de lo mismo, una presentación plana, aburrida, como el discurso institucional del rey por navidad. Esa es la realidad.

Con el agravio, que durante los primeros segundos de tu discurso es cuando tienes toda la atención de tu público. Por eso es imperdonable, incomprensible incluso grosero, dilapidar un momento tan relevante con unos agradecimientos que puedes regalar más tarde, si es que realmente son necesarios. 

Puedes pensar que romper el hielo con unas frases protocolarias no tiene nada de malo, pero la realidad dura y cruda es que desde el instante que empieces a agradecer, tu público empezará a aburrirse, a pensar en las tareas de casa, a abrir el móvil y mirar compulsivamente información para buscar estímulos que tú no puedes darles… En definitiva. Game Over. 

Grábatelo en la mente. La mayoría de discursos y presentaciones empiezan con los agradecimientos. Sin embargo esas presentaciones que dan la vuelta al mundo, las que se hacen virales, las que levantan al público, nunca empiezan así. 

¿Cómo tenemos que empezar entonces?

Esto lo dejaremos para otro post. Pero antes, ya te avanzo una clave: inventa, se creativo, no tengas miedo… ¡Sé diferente!

Y, finalmente, ten muy presente lo siguiente: si de entrada ya no cometes los dos errores que hemos comentado en este post, empezarás con buen pie tu presentación. 

Suerte.

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